La Edad Oscura
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La Edad Oscura es un período de contornos temporales difusos que comprende desde el colapso de la civilización micénica hasta el comienzo de la denominada Edad Arcaica. Cronológicamente, suele entenderse que la Edad Oscura es un eslabón perdido de la cadena histórica que abarca aproximadamente desde el s. XII a.C. hasta el s. IX a.C.

La expresión “Edad Oscura” se utiliza para designar un interludio histórico de casi cuatro siglos en la Hélade caracterizado por el vacío de poder dejado por los reinos aqueos y un retroceso cultural. Con la desaparición de la estructura palaciega micénica se suprimió la utilidad principal de la escritura, lo que ha supuesto una ausencia de fuentes escritas que nos ha abocado a una gran dependencia de las evidencias arqueológicas para conocer este período. Como único respaldo adicional, disponemos de la poesía épica homérica; sin duda, estas composiciones nos proporcionan un revelador puente que nos permite salvar el negro abismo que se abre entre la época de los reinos micénicos y la Edad Arcaica, pero nunca puede perderse de vista que tanto la Ilíada como la Odisea están escritas en clave literaria y datan del s. VIII a.C., por lo que es necesario desentrañar el lenguaje empleado para depurar el texto y obtener un testimonio histórico desprovisto de anacronismos y ficciones poéticas.

Mediante el análisis arqueológico de los restos de cerámica hallados, se han llegado a identificar tres etapas dentro del lapso temporal que conforma la Edad Oscura. En primer lugar tendríamos el período submicénico, que abarca desde el ocaso de la civilización micénica en el s. XII a.C. hasta el s. XI a. C. Seguidamente encontramos el llamado período protogeométrico, que se desarrolla durante los siglos XI y X a.C. Por último, el período geométrico preside el s. IX a.C. y enlaza con la Edad Arcaica.

Pese a la escasez de información disponible sobre este período, no cabe duda de que en él se produjeron múltiples transformaciones sociales de gran importancia. Particularmente, uno de los rasgos distintivos de esta época son los desplazamientos poblacionales, entre los que cabe destacar la penetración de los dorios del norte, que se asentaron en la Grecia continental y en las islas del Egeo, y las diversas migraciones hacia Asia Menor, también llamada Anatolia.

Los movimientos migratorios que se dirigieron hacia la costa occidental anatolia y sus islas adyacentes implicaron una superposición sobre el área de influencia mantenida previamente por la civilización micénica en la misma región y una ampliación de la misma. Concretamente, suele hacerse alusión a los emigrantes jónicos, que procedían mayoritariamente de Atenas y ocuparon la zona central de la costa occidental de Asia menor. Junto a ellos, también se menciona a los eolios, que probablemente procedían de Tesalia y Beocia y se establecieron en la franja costera septentrional, y a los dorios, que parecen haberse asentado en la franja costera meridional, aunque en un momento posterior. Todos estos pueblos se beneficiaron de una orografía idónea para su modo de vida, ya que el territorio se caracterizaba por sus grandes valles, encerrados entre montañas, sus islas y penínsulas, que aportaban emplazamientos defensivos de sumo interés estratégico, y una abundancia de localizaciones apropiadas para el establecimiento de puertos.

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