
Los minotauros son seres pacíficos que prefieren habitar en lugares apartados, generalmente valles recónditos o zonas próximas a las estribaciones montañosas. Los individuos de esta especie llevan una vida tranquila, dedicada a las labores del campo, que constituye su principal fuente de sustento.
Cuando nace un minotauro, sus progenitores eligen un árbol joven como ofrenda a la madre tierra, para agradecerle el regalo con que ésta les ha obsequiado. El árbol será marcado por el chamán de la tribu con el símbolo totémico atribuido al recién nacido; de este modo ambos seres, el árbol y el minotauro, pasan a hermanarse de por vida. Cuando el minotauro llegue al final de sus días, será enterrado bajo las raíces de su hermano arbóreo. Si, por el contrario, el árbol llegase al final de su ciclo vital antes que su hermano, su espíritu emprendería una búsqueda en pos de éste.
Una vez que el espíritu arbóreo hallase a su hermano minotauro, ambos seres se fusionarían. El minotauro sufriría una repentina y sorprendente metamorfosis: su piel se transformaría en corteza, sus extremidades en ramas y raíces y su pelo en vegetación. A partir de ese momento nacería un nuevo ser, conocido como “espíritu del bosque”.
A pesar de que los minotauros tienden a vivir separados de otras razas, son criaturas afables que mantienen relaciones amistosas con otros pueblos y realizan intercambios comerciales con sus vecinos más próximos.
Por su parte, las otras razas suelen considerar a los minotauros como criaturas francas, leales y directas. De hecho, los minotauros sólo recurren a la violencia cuando no existe ningún otro recurso a su alcance. En esas circunstancias extremas, los minotauros se tornan poderosos y temibles oponentes, debido a su imponente tamaño y fuerza física, y tienden a mostrarse inusualmente inquietos e impetuosos, haciendo gala de un valor, un arrojo y una furia desmedida en el combate que contrastan intensamente con la idiosincrasia habitual de esta raza.
Como moraleja, podría decirse que, si cuentas con un minotauro entre tus amigos, recuerda siempre una cosa: ¡no le hagas enojar!
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